viernes, 19 de septiembre de 2008

En Alemania III...

Después del matador recorrido de los 18 kilómetros de ese día, decidí que al día siguiente, que era todo un recorrido de bajada muy duro en donde mis rodillas iban a declararse en huelga, quedarme a descansar y saltarme esa marcha, que mi pierna izquierda se había resentido algo del viaje ya a esas alturas. ¿Y qué hice para descansar? Irme por mi cuenta a ver mundo con el tren, toda una experiencia con mi inglés de andar por casa, y quedar luego en terminar mi tour en el pueblo que iban a visitar mis compañeros después de la marcha y encontrarnos ya allí. Me recorrí la zona, de la experiencia destacaré que me sorprendieron lo cómodos y baratos que son los trenes en Alemania, que los alemanes desayunan con cerveza, que los conductores de autobuses se apiadan de mí y me llevan a las paradas de otros autobuses saltándose el reglamento, que la puntualidad en los trenes alemanes es una leyenda urbana y que lo que no está para ti no está para ti (pero era un figura preciosa tallada en madera de un esqueleto arquero, el autor tenía que ser rolero porque encontrar eso entre tanta talla religiosa tiene merito). Vamos que descanse nada o menos. Pero yo si llegué a ver el pueblo que mi grupo no vio, porque se confundió el conductor y se fueron para donde no era. Así que me vi el pueblo y me regrese sola de nuevo. Y nada más llegar una tormenta de dimensiones épicas, calada al hotel como colofón final al día.
Entre marcha y marcha, mientras caminas da tiempo a todo, a hablar de casi todo. Desde que te gustaría dibujar en Marvel, pasando a despellejar la cuarta edición del D&D, sobre la crisis económica, sobre las relaciones y el ser humano, lo tontos y masoquistas que somos algunos, la vida en Alemania y sus diferencias con España, etc… Y a Enrique hasta a ligar (además de ser perseguido por ocas asesinas), primero empezó montándome la escena de seductor en un ascensor, menos mal que eran solo dos plantas. Después echó sus redes a unas que ya conocía de otros viajes de senderismo, pero no funcionó y luego encontró el amor en una chica bastante más joven que él. Eran dos hermanas y la madre, en fin que ligo con una de las hermanas y aquello empezó a parecerse a una telenovela venezolana. Anda que no nos hemos echado risas rememorando las eternas conversaciones de Enrique con su “Peque” en mitad de los bosques diciendo cursiladas que hacen palidecer las mías. ¡Para verlo! Enrique diciendo que había encontrado el amor, el tío que tiene novia y liga con todo lo que se mueve… una parte de mi le habría gustado creer que semejante criatura podía tener redención al final, pero vamos lo primero que hicimos fue apostar a que de Navidades no pasarían, panda de cabrones que somos.
Por el camino vimos dos castillos del “Rey loco”, Luis II de Baviera. El castillo de Linderhoff era muy versallesco, barroco en todo su esplendor y dorados everywhere, de allí más de uno salió pensando que Luis era gay, nada como la pregunta maliciosa de una a la guía de “¿y se llegó a casar con alguien?”.
De allí nunca se me olvidará el dormitorio del rey, era inmenso, con una cama generosa, todo de color dorado, espejos, estatuas de ninfas y un fresco en el techo espectacular de Apolo en el carro de fuego tirado por sus cuatro caballos en pleno amanecer, ¡apoteósico!. Tu imagínate una noche de pasión en esa habitación… vamos como para que la faena sea mala.
Y el segundo castillo fue Neuschwanstein, parecía diseñado por frikis roleros amantes de la fantasía medieval, vamos que yo vivía perfectamente allí. No encuentro palabras que le hagan justicia, todo en el rezuma épica y belleza. Está construido en una colina entre los bosques de Ammergebirge y el lago de Alpsee, en el que si pudimos bañarnos sin que nos castañearan los dientes, este de un azul profundo y aguas cálidas. Los alemanes nos miraban con igual expectación, algunos cámara de fotos en mano esperando que al meternos nos saliéramos congelados, esos no nos conocían.
Precioso todo el paraje y con niebla más. Hay un puente colgante desde el que tienes unas vistas increíbles, eso sí cuando un alemán, alto y orondo se puso a dar saltos en mitad del puente que no veas como crujía aquello, casi le meto mi bastón de madera por donde no le hubiera gustado…

1 comentario:

Unknown dijo...

Esa clickPaladin a ver si continua con el grimorio de alemania que lo hemos dejado muy descuidado,eh??