Alemania ya llegaba a su fin y de destino final teníamos la ciudad de Múnich, pija y cara según los guías y ya que tiene la huella del diablo en una de sus iglesias, no esperaba menos, que yo al diablo no le veo vistiendo de mercadillo. Eso sí el Pinkie de allí tenia los precios mas baratos que el de Gran Vía de aquí. Aunque bien es cierto que inmortalizamos en foto unos zapatos que costaban la módica suma de 1217 euros. No, si sitios caros y pijos había, ya lo creo.
Múnich tiene un montón de sitios para ver y disfrutar y más si te gusta beber y comer. El sábado en el casco antiguo ponen un mercado de frutas y allí degustamos unas moras y grosellas silvestres enormes y bien baratas la caja a 80 céntimos, en Londres por la misma cantidad me cobraron ¡2 libras! Y estaban más ácidas…
Nos llovió torrencialmente un rato y fue curioso ver como consciente o inconscientemente el grupo se dividía, mientras nos intentábamos refugiar de la lluvia, Enrique y su “peque” por un lado y nosotros tres por el otro, con momento paparazzi cámara en mano intentando sacarles desde la otra punta de la gran avenida, lástima que el objetivo no daba para tanta distancia.
Pero sin duda la enseñanza más importante de Munich, yo diría que del viaje entero, fue que nunca debes mirar un mapa, mientras caminas y menos hablar hacia a tus compañeros que están en tu retaguardia, porque te puede ocurrir como a Rafa y darte de bruces con una farola para cachondeo de tus amigos y de unas abuelitas alemanas que pasaban por allí, que mira que las pobres intentaron contenerse hasta que nosotros rompimos a reír.
A lo Oktoberfest nos tomamos a las 11 de la mañana en una de las cervecerías más famosas de allí una jarra de cerveza, ¡la jarra era más grande que mi cabeza!. Aquello me pareció de lo mas alcohólico pero ir a Múnich para nada es tontería. Y de allí nos fuimos a comer a un restaurante, de lo más medieval, en los bajos del edificio gótico del ayuntamiento. Nos aposentamos en una salita resguardada de miradas. Parecíamos un grupo de conspiradores en aquel rincón.
Y por fin llegó e momento de las despedidas, en el aeropuerto nuestro grupo partía a Edimburgo y el resto de compañeros de viaje regresaba a Madrid. Enrique con la duda de si irse con su peque y perder la semana de Edimburgo y Londres. Hasta ahí llegaba su enamoramiento. En fin despedida emotiva de los dos amantes, nos esperaban días de mensajitos al móvil y suspiros.
Nos despedimos de los guías, muy majos ambos el que era español y ella que era alemana, desde aquí les deseo lo mejor.
Por supuesto de remate a Enrique otra del grupo le pidió el teléfono, ¿qué les dará?.
Y de Múnich tomamos rumbo a Edimburgo…
martes, 30 de septiembre de 2008
viernes, 19 de septiembre de 2008
En Alemania III...
Después del matador recorrido de los 18 kilómetros de ese día, decidí que al día siguiente, que era todo un recorrido de bajada muy duro en donde mis rodillas iban a declararse en huelga, quedarme a descansar y saltarme esa marcha, que mi pierna izquierda se había resentido algo del viaje ya a esas alturas. ¿Y qué hice para descansar? Irme por mi cuenta a ver mundo con el tren, toda una experiencia con mi inglés de andar por casa, y quedar luego en terminar mi tour en el pueblo que iban a visitar mis compañeros después de la marcha y encontrarnos ya allí. Me recorrí la zona, de la experiencia destacaré que me sorprendieron lo cómodos y baratos que son los trenes en Alemania, que los alemanes desayunan con cerveza, que los conductores de autobuses se apiadan de mí y me llevan a las paradas de otros autobuses saltándose el reglamento, que la puntualidad en los trenes alemanes es una leyenda urbana y que lo que no está para ti no está para ti (pero era un figura preciosa tallada en madera de un esqueleto arquero, el autor tenía que ser rolero porque encontrar eso entre tanta talla religiosa tiene merito). Vamos que descanse nada o menos. Pero yo si llegué a ver el pueblo que mi grupo no vio, porque se confundió el conductor y se fueron para donde no era. Así que me vi el pueblo y me regrese sola de nuevo. Y nada más llegar una tormenta de dimensiones épicas, calada al hotel como colofón final al día.
Entre marcha y marcha, mientras caminas da tiempo a todo, a hablar de casi todo. Desde que te gustaría dibujar en Marvel, pasando a despellejar la cuarta edición del D&D, sobre la crisis económica, sobre las relaciones y el ser humano, lo tontos y masoquistas que somos algunos, la vida en Alemania y sus diferencias con España, etc… Y a Enrique hasta a ligar (además de ser perseguido por ocas asesinas), primero empezó montándome la escena de seductor en un ascensor, menos mal que eran solo dos plantas. Después echó sus redes a unas que ya conocía de otros viajes de senderismo, pero no funcionó y luego encontró el amor en una chica bastante más joven que él. Eran dos hermanas y la madre, en fin que ligo con una de las hermanas y aquello empezó a parecerse a una telenovela venezolana. Anda que no nos hemos echado risas rememorando las eternas conversaciones de Enrique con su “Peque” en mitad de los bosques diciendo cursiladas que hacen palidecer las mías. ¡Para verlo! Enrique diciendo que había encontrado el amor, el tío que tiene novia y liga con todo lo que se mueve… una parte de mi le habría gustado creer que semejante criatura podía tener redención al final, pero vamos lo primero que hicimos fue apostar a que de Navidades no pasarían, panda de cabrones que somos.
Por el camino vimos dos castillos del “Rey loco”, Luis II de Baviera. El castillo de Linderhoff era muy versallesco, barroco en todo su esplendor y dorados everywhere, de allí más de uno salió pensando que Luis era gay, nada como la pregunta maliciosa de una a la guía de “¿y se llegó a casar con alguien?”.
De allí nunca se me olvidará el dormitorio del rey, era inmenso, con una cama generosa, todo de color dorado, espejos, estatuas de ninfas y un fresco en el techo espectacular de Apolo en el carro de fuego tirado por sus cuatro caballos en pleno amanecer, ¡apoteósico!. Tu imagínate una noche de pasión en esa habitación… vamos como para que la faena sea mala.
Y el segundo castillo fue Neuschwanstein, parecía diseñado por frikis roleros amantes de la fantasía medieval, vamos que yo vivía perfectamente allí. No encuentro palabras que le hagan justicia, todo en el rezuma épica y belleza. Está construido en una colina entre los bosques de Ammergebirge y el lago de Alpsee, en el que si pudimos bañarnos sin que nos castañearan los dientes, este de un azul profundo y aguas cálidas. Los alemanes nos miraban con igual expectación, algunos cámara de fotos en mano esperando que al meternos nos saliéramos congelados, esos no nos conocían.
Precioso todo el paraje y con niebla más. Hay un puente colgante desde el que tienes unas vistas increíbles, eso sí cuando un alemán, alto y orondo se puso a dar saltos en mitad del puente que no veas como crujía aquello, casi le meto mi bastón de madera por donde no le hubiera gustado…
Entre marcha y marcha, mientras caminas da tiempo a todo, a hablar de casi todo. Desde que te gustaría dibujar en Marvel, pasando a despellejar la cuarta edición del D&D, sobre la crisis económica, sobre las relaciones y el ser humano, lo tontos y masoquistas que somos algunos, la vida en Alemania y sus diferencias con España, etc… Y a Enrique hasta a ligar (además de ser perseguido por ocas asesinas), primero empezó montándome la escena de seductor en un ascensor, menos mal que eran solo dos plantas. Después echó sus redes a unas que ya conocía de otros viajes de senderismo, pero no funcionó y luego encontró el amor en una chica bastante más joven que él. Eran dos hermanas y la madre, en fin que ligo con una de las hermanas y aquello empezó a parecerse a una telenovela venezolana. Anda que no nos hemos echado risas rememorando las eternas conversaciones de Enrique con su “Peque” en mitad de los bosques diciendo cursiladas que hacen palidecer las mías. ¡Para verlo! Enrique diciendo que había encontrado el amor, el tío que tiene novia y liga con todo lo que se mueve… una parte de mi le habría gustado creer que semejante criatura podía tener redención al final, pero vamos lo primero que hicimos fue apostar a que de Navidades no pasarían, panda de cabrones que somos.
Por el camino vimos dos castillos del “Rey loco”, Luis II de Baviera. El castillo de Linderhoff era muy versallesco, barroco en todo su esplendor y dorados everywhere, de allí más de uno salió pensando que Luis era gay, nada como la pregunta maliciosa de una a la guía de “¿y se llegó a casar con alguien?”.
De allí nunca se me olvidará el dormitorio del rey, era inmenso, con una cama generosa, todo de color dorado, espejos, estatuas de ninfas y un fresco en el techo espectacular de Apolo en el carro de fuego tirado por sus cuatro caballos en pleno amanecer, ¡apoteósico!. Tu imagínate una noche de pasión en esa habitación… vamos como para que la faena sea mala.
Y el segundo castillo fue Neuschwanstein, parecía diseñado por frikis roleros amantes de la fantasía medieval, vamos que yo vivía perfectamente allí. No encuentro palabras que le hagan justicia, todo en el rezuma épica y belleza. Está construido en una colina entre los bosques de Ammergebirge y el lago de Alpsee, en el que si pudimos bañarnos sin que nos castañearan los dientes, este de un azul profundo y aguas cálidas. Los alemanes nos miraban con igual expectación, algunos cámara de fotos en mano esperando que al meternos nos saliéramos congelados, esos no nos conocían.
Precioso todo el paraje y con niebla más. Hay un puente colgante desde el que tienes unas vistas increíbles, eso sí cuando un alemán, alto y orondo se puso a dar saltos en mitad del puente que no veas como crujía aquello, casi le meto mi bastón de madera por donde no le hubiera gustado…
lunes, 15 de septiembre de 2008
En Alemania II...
Friburgo, fue el primer pueblo que vimos y la primera vez que llegamos tarde, y eso que estábamos antes que nadie en el punto de quedada, tomando un café y se nos paso la hora…
No hay cosa que mas complazca a un friki que encontrarse en donde no espera una tienda de comic. En Lindau, el siguiente pueblo que vimos, había una como no he visto otra igual en ningún sitio. Dos plantas, la primera la mitad tienda de comic y la otra mitad cafetería con mesas para echarte una partida o simplemente tomarte un café mientras lees tus compras o charlar con los amigos y la planta de abajo especial rol en vivo, trajes medievales, armas de gomaespuma y un apartado para los juegos de estrategia. Yo quiero montar una tienda así, se quedo con mi corazón y mi pasta.
Titisee, otro pueblo de lo mas turístico de los que te apetecería quedarte un par de días, tiene un precioso lago en el que puedes alquilar barcas a motor, pedales o remos. Nosotros decidimos que mejor pedales que como no teníamos las piernas cansadas... Eso si después de ver la barca donut (redonda con sombrilla y nevera en el centro para tus birras) ellos decidieron que preferían la barca donuts a ser posible con las chicas incluidas que había en la barca que vimos, yo con las cervezas me conformo que ellos no eran para tirar cohetes.
Walchensee es un lago de aguas cristalinas de un intenso turquesa. Una preciosidad rodeada de espesos bosques, el premio merecido después de subirte un pico de 1328 metros, hacer 17 kilómetros infernales en los que hubo de todo, caídas en el barro, caídas en cantos rodados pendiente abajo (ninguna caida mia que conste), hormigueros que me llegaban por la cintura con hormigas que se subían por nuestras piernas como Pedro por su casa, juro que ahí tire cordura para no salir corriendo gritando ¡quítamelas, quítamelas! Y por supuesto nos perdimos en el bosque… en fin que tu llegas al lago deseando meterte, porque estás hasta el moño de caminar (17 kilómetros mas lo que andamos de más), te quitas la ropa, sales corriendo al agua, esquivando alemanes rojos cual cangrejos quemados por el sol y ya a la carrera tus pies notan ¡que el agua esta helada! que te dolían las articulaciones y todo. Y ahí el guía te dice que el lago es de origen glaciar… y te fijas que no hay gente en el agua. Pero no, después de la caminata mi vena santanderina solo podía pensar en que por sus santos ovarios se metía en el lago que para eso se había tragado el recorrido. Y me metí, hay video, no muy digno todo hay que decirlo. Al final se metieron bastantes, mientras los alemanes nos miraban con asombro, no es para menos.
En fin que por la mañana temprano me había rajado el dedo gordo de la mano derecha con la navaja multiusos, glorioso momento en el que miras tu dedo después de sentir el corte y dices “no ha pasado nada” y de pronto se hace una línea roja a cámara lenta y empieza a echar sangre a borbotones, miras a tu compañero de cuarto y le preguntas “¿tú te mareas con la sangre, no?” y él te responde con una sonrisa maligna que si. Menos mal que sólo cuando es suya que sino imaginaos un desmayado en la habitación y una que a los 7 de la mañana no tiene luces, se dedica a pasear mirando el dedo por la habitación, salirse al jardín que esta tenia y ya al final caer en chuparse el dedo. Las sabanas perdidas, la moqueta… qué pensarían los del servicio.
Mucho más gracioso sin duda fue la cena, después de unos momentos vomitivos, según nuestros amigos, de Rafa y yo jugando con las rosas de la mesa. Y es que las velitas encendidas daban un ambiente de lo más íntimo. Pues nada llego la cena en sí y pedimos el típico medio litro de cerveza, costumbre muy Alemana.
Enrique nuestro hombre de voz profunda y pose estudiada, el terror de las nenas… no está acostumbrado a beber, que con medio litro se le trababa la lengua. Su táctica para ligar es simple, bien vestido y de modales caballerosos, detallista y muy atento, En fin que no se le ocurre otra cosa que ponerse en plan amigo confidente conmigo y empezar a charlar sobre mi vida sentimental. Así que después de escuchar mis penas sobre que me han dejado, se pone serio y me pregunta con un tono preocupado “¿puedo hacerte una pregunta personal, pero ahora está tu…?”, me suelta la pregunta y el final no lo entendí. David y Rafa empiezan a descojonarse vivos, Enrique se queda blanco y empieza a pedirme perdón y decir que no quería decir eso y yo en todo esto sin enterarme que había dicho pero temiéndome que la frase iba a ser recordada durante mucho tiempo. Ya empezamos a reír los 4 escandalosamente, que en el salón sólo se nos oía a nosotros, mientras yo pregunto “¿pero que ha dicho? que no le he entendido”, Rafa ahogándose de la risa dice que él no lo repite y David que es más cabrón logra medio articular que él si, mientras Enrique descojonado pide que no lo haga. Para vernos pensarían que estábamos borrachos perdidos, riendo los cuatro sin poder parar y casi llorando, yo sin saber de que pero aquello era contagioso. Al fin David recupera la compostura y medio entrecortado aun de la risa me dice “¿está tu furby abierto a posibilidades?”, en situación normal habría matado a Enrique, pero solo pude hacer una cosa descojonarme aun más del desliz que había tenido. Vamos menudo día…
No hay cosa que mas complazca a un friki que encontrarse en donde no espera una tienda de comic. En Lindau, el siguiente pueblo que vimos, había una como no he visto otra igual en ningún sitio. Dos plantas, la primera la mitad tienda de comic y la otra mitad cafetería con mesas para echarte una partida o simplemente tomarte un café mientras lees tus compras o charlar con los amigos y la planta de abajo especial rol en vivo, trajes medievales, armas de gomaespuma y un apartado para los juegos de estrategia. Yo quiero montar una tienda así, se quedo con mi corazón y mi pasta.
Titisee, otro pueblo de lo mas turístico de los que te apetecería quedarte un par de días, tiene un precioso lago en el que puedes alquilar barcas a motor, pedales o remos. Nosotros decidimos que mejor pedales que como no teníamos las piernas cansadas... Eso si después de ver la barca donut (redonda con sombrilla y nevera en el centro para tus birras) ellos decidieron que preferían la barca donuts a ser posible con las chicas incluidas que había en la barca que vimos, yo con las cervezas me conformo que ellos no eran para tirar cohetes.
Walchensee es un lago de aguas cristalinas de un intenso turquesa. Una preciosidad rodeada de espesos bosques, el premio merecido después de subirte un pico de 1328 metros, hacer 17 kilómetros infernales en los que hubo de todo, caídas en el barro, caídas en cantos rodados pendiente abajo (ninguna caida mia que conste), hormigueros que me llegaban por la cintura con hormigas que se subían por nuestras piernas como Pedro por su casa, juro que ahí tire cordura para no salir corriendo gritando ¡quítamelas, quítamelas! Y por supuesto nos perdimos en el bosque… en fin que tu llegas al lago deseando meterte, porque estás hasta el moño de caminar (17 kilómetros mas lo que andamos de más), te quitas la ropa, sales corriendo al agua, esquivando alemanes rojos cual cangrejos quemados por el sol y ya a la carrera tus pies notan ¡que el agua esta helada! que te dolían las articulaciones y todo. Y ahí el guía te dice que el lago es de origen glaciar… y te fijas que no hay gente en el agua. Pero no, después de la caminata mi vena santanderina solo podía pensar en que por sus santos ovarios se metía en el lago que para eso se había tragado el recorrido. Y me metí, hay video, no muy digno todo hay que decirlo. Al final se metieron bastantes, mientras los alemanes nos miraban con asombro, no es para menos.
En fin que por la mañana temprano me había rajado el dedo gordo de la mano derecha con la navaja multiusos, glorioso momento en el que miras tu dedo después de sentir el corte y dices “no ha pasado nada” y de pronto se hace una línea roja a cámara lenta y empieza a echar sangre a borbotones, miras a tu compañero de cuarto y le preguntas “¿tú te mareas con la sangre, no?” y él te responde con una sonrisa maligna que si. Menos mal que sólo cuando es suya que sino imaginaos un desmayado en la habitación y una que a los 7 de la mañana no tiene luces, se dedica a pasear mirando el dedo por la habitación, salirse al jardín que esta tenia y ya al final caer en chuparse el dedo. Las sabanas perdidas, la moqueta… qué pensarían los del servicio.
Mucho más gracioso sin duda fue la cena, después de unos momentos vomitivos, según nuestros amigos, de Rafa y yo jugando con las rosas de la mesa. Y es que las velitas encendidas daban un ambiente de lo más íntimo. Pues nada llego la cena en sí y pedimos el típico medio litro de cerveza, costumbre muy Alemana.
Enrique nuestro hombre de voz profunda y pose estudiada, el terror de las nenas… no está acostumbrado a beber, que con medio litro se le trababa la lengua. Su táctica para ligar es simple, bien vestido y de modales caballerosos, detallista y muy atento, En fin que no se le ocurre otra cosa que ponerse en plan amigo confidente conmigo y empezar a charlar sobre mi vida sentimental. Así que después de escuchar mis penas sobre que me han dejado, se pone serio y me pregunta con un tono preocupado “¿puedo hacerte una pregunta personal, pero ahora está tu…?”, me suelta la pregunta y el final no lo entendí. David y Rafa empiezan a descojonarse vivos, Enrique se queda blanco y empieza a pedirme perdón y decir que no quería decir eso y yo en todo esto sin enterarme que había dicho pero temiéndome que la frase iba a ser recordada durante mucho tiempo. Ya empezamos a reír los 4 escandalosamente, que en el salón sólo se nos oía a nosotros, mientras yo pregunto “¿pero que ha dicho? que no le he entendido”, Rafa ahogándose de la risa dice que él no lo repite y David que es más cabrón logra medio articular que él si, mientras Enrique descojonado pide que no lo haga. Para vernos pensarían que estábamos borrachos perdidos, riendo los cuatro sin poder parar y casi llorando, yo sin saber de que pero aquello era contagioso. Al fin David recupera la compostura y medio entrecortado aun de la risa me dice “¿está tu furby abierto a posibilidades?”, en situación normal habría matado a Enrique, pero solo pude hacer una cosa descojonarme aun más del desliz que había tenido. Vamos menudo día…
viernes, 5 de septiembre de 2008
En Alemania
Pues ahí estábamos pateándonos Alemania y digo patear porque si vas de senderismo caminar caminas. Casi todos los días teníamos un recorrido de 13 kilómetros y alguno de 18. Bosques naturales, laderas de montañas, riveras de ríos. Te soltaban en el buffet libre del desayuno y luego a bajar lo que habías comido. Como buenos españoles había más de uno que se pillaba comida del desayuno para luego comer, ¡que apañados somos!. Luego nos iban poniendo carteles de que no se sacara la comida fuera del comedor, ¡criaturicas!.
Pues nada llegamos al primer hotel, Rafa todo un caballero por no esperar la cola del ascensor me subió la maleta, la verdad que otra cosa no, pero porteadores en este viaje he tenido bastantes. Y eso que mi maleta empezó siendo la que menos pesaba y terminé dando las gracias a Enrique por compensarnos el peso a todos, sobre todo a mí, a la hora de facturar en el avión.
El hotel era majo y el servicio un encanto, nos despidieron en la puerta el ultimo día todo el servicio junto.
Tenían una vieja bolera y es que allí según parece son muy aficionados a los bolos. Así que aparcamos el munchkin, los paseos nocturnos, las visitas al pueblo y nos echamos unas partidas de bolos una de las noches. Tenían topes los bordes de la pista y podías hacer carambolas como en el billar. Está visto que los bolos no son lo mío ni aquí ni allí, pero muy divertido.
Otra de las noches había fiesta en el pueblo, celebraban el día que se les quemó medio pueblo y al otro medio lo salvo la lluvia, yo espero que la celebración fuera por la parte que se salvó. Música, chiringuitos de comida con tartas, salchichas y muuuucha cerveza. ¡Viva la comida sana!. Eso sí a las 12 chapado todo, luego vienen a España y se desbarran, lógico.
Así que los días pasaban entre las marchas por la mañana y por la tarde visita a alguna cosa. Para unos roleros como nosotros aquello nos recordaba al típico bosque de modulo, faltaban los orcos haciendo emboscada, sobretodo el día de la marcha por la rivera de un rio, había unos bonitos desfiladeros, ideales para eso.
Aquel día casi me abro la cabeza en una cascada, tu pasas por detrás del agua a una gruta para hacerte la típica foto, que además la roca de la que manaba parecían las fauces de un bicho, pero claro te tienes que agachar y no será que no soy bajita pero aquello lo estaba más. Eso si recibí el impacto, por la cara de David la ostia fue para verla, pose, que Enrique nos ha dado clases a todos y luego ya me acordé de la roca, de su madre y de todos sus muertos. Otras se abrieron la cabeza y sangraron cual cerdos en la matanza, yo con chichón continúe el viaje, ya tendría mejor ocasión para derramar mi sangre y además de forma menos digna y mas chorra…
En cualquier caso roleros o no, aquello es bien bonito. Y todo grande, como diría mi amigo Rober que es medio alemán “Todo, todo”. Desde laderas despejadas y verdes a lo Heidi , a terrenos angostos, embarrados, cortados, de difícil acceso, duras ascensiones y cansadas bajadas, árboles inmensos, frondosas copas, tupidos suelos de hierba, helechos y arándanos, caudalosos ríos... Vamos que la llaman la selva negra porque aquello esta tan tupido que no entra el sol por ningún lado.
En una de esas marchas a una del grupo se le cayó la cartera terraplén abajo y allí estaban intentando cogerla con lo que podían y como buenos españoles todos mirando y diciendo como se debería hacer pero ninguno hacia. Y ahí fue Rafa, le falto calzarse la armadura, ágil descendió hasta la cartera y la rescató. Creo que antes que nadie dijera cualquier gracias David gritó “¡Pero no le dejéis subir, era el momento de tirarle!”. A lo que otra chica, de la que ya hablaré, dijo “¿y sois amigos?”, yo que estaba a su lado le respondí con una amplia sonrisa “dinámica de grupo, si no nos puteamos no estamos felices”. En fin la marcha se reanudo, que menudo tapón se había formado en medio del grupo. Me puse a la altura de Rafa, le felicité y divertida le dije que tenía que haber reclamado de la dama un premio por su hazaña. El me pregunto “¿cómo un beso?”, me sonrió y remató “si no es tuyo no merece la pena”. De las 4 neuronas operativas que tengo, la primera dijo un “¡oooooooooooh qué bonito!”, la segunda dijo “si, si pero no es tu ex”, la tercera farfullo un “¿mi qué?” y la cuarta refrescó “¡lo que hemos venido a olvidar!”. Y sólo pude hacer una cosa… besarle.
Pues nada llegamos al primer hotel, Rafa todo un caballero por no esperar la cola del ascensor me subió la maleta, la verdad que otra cosa no, pero porteadores en este viaje he tenido bastantes. Y eso que mi maleta empezó siendo la que menos pesaba y terminé dando las gracias a Enrique por compensarnos el peso a todos, sobre todo a mí, a la hora de facturar en el avión.
El hotel era majo y el servicio un encanto, nos despidieron en la puerta el ultimo día todo el servicio junto.
Tenían una vieja bolera y es que allí según parece son muy aficionados a los bolos. Así que aparcamos el munchkin, los paseos nocturnos, las visitas al pueblo y nos echamos unas partidas de bolos una de las noches. Tenían topes los bordes de la pista y podías hacer carambolas como en el billar. Está visto que los bolos no son lo mío ni aquí ni allí, pero muy divertido.
Otra de las noches había fiesta en el pueblo, celebraban el día que se les quemó medio pueblo y al otro medio lo salvo la lluvia, yo espero que la celebración fuera por la parte que se salvó. Música, chiringuitos de comida con tartas, salchichas y muuuucha cerveza. ¡Viva la comida sana!. Eso sí a las 12 chapado todo, luego vienen a España y se desbarran, lógico.
Así que los días pasaban entre las marchas por la mañana y por la tarde visita a alguna cosa. Para unos roleros como nosotros aquello nos recordaba al típico bosque de modulo, faltaban los orcos haciendo emboscada, sobretodo el día de la marcha por la rivera de un rio, había unos bonitos desfiladeros, ideales para eso.
Aquel día casi me abro la cabeza en una cascada, tu pasas por detrás del agua a una gruta para hacerte la típica foto, que además la roca de la que manaba parecían las fauces de un bicho, pero claro te tienes que agachar y no será que no soy bajita pero aquello lo estaba más. Eso si recibí el impacto, por la cara de David la ostia fue para verla, pose, que Enrique nos ha dado clases a todos y luego ya me acordé de la roca, de su madre y de todos sus muertos. Otras se abrieron la cabeza y sangraron cual cerdos en la matanza, yo con chichón continúe el viaje, ya tendría mejor ocasión para derramar mi sangre y además de forma menos digna y mas chorra…
En cualquier caso roleros o no, aquello es bien bonito. Y todo grande, como diría mi amigo Rober que es medio alemán “Todo, todo”. Desde laderas despejadas y verdes a lo Heidi , a terrenos angostos, embarrados, cortados, de difícil acceso, duras ascensiones y cansadas bajadas, árboles inmensos, frondosas copas, tupidos suelos de hierba, helechos y arándanos, caudalosos ríos... Vamos que la llaman la selva negra porque aquello esta tan tupido que no entra el sol por ningún lado.
En una de esas marchas a una del grupo se le cayó la cartera terraplén abajo y allí estaban intentando cogerla con lo que podían y como buenos españoles todos mirando y diciendo como se debería hacer pero ninguno hacia. Y ahí fue Rafa, le falto calzarse la armadura, ágil descendió hasta la cartera y la rescató. Creo que antes que nadie dijera cualquier gracias David gritó “¡Pero no le dejéis subir, era el momento de tirarle!”. A lo que otra chica, de la que ya hablaré, dijo “¿y sois amigos?”, yo que estaba a su lado le respondí con una amplia sonrisa “dinámica de grupo, si no nos puteamos no estamos felices”. En fin la marcha se reanudo, que menudo tapón se había formado en medio del grupo. Me puse a la altura de Rafa, le felicité y divertida le dije que tenía que haber reclamado de la dama un premio por su hazaña. El me pregunto “¿cómo un beso?”, me sonrió y remató “si no es tuyo no merece la pena”. De las 4 neuronas operativas que tengo, la primera dijo un “¡oooooooooooh qué bonito!”, la segunda dijo “si, si pero no es tu ex”, la tercera farfullo un “¿mi qué?” y la cuarta refrescó “¡lo que hemos venido a olvidar!”. Y sólo pude hacer una cosa… besarle.
martes, 2 de septiembre de 2008
De regreso
Ya estamos de regreso, como no tengo nada mejor que contar relataré mis vacaciones. Estas a tiempo de cerrar la ventana que va a ser largo.
Bueno pues toda historia tiene un comienzo y ésta comenzó en una de esas reuniones del selecto club de “La patada en el culo”, que no es otro que mi compañero de trabajo David y nuestro amigo Rafa. Dos amigos para las alegrías y las tristezas, en este caso para lamentarnos de que nos habían dejado, dado la patada en el culo, vamos.
Así que decidimos que nos gustaría irnos de vacaciones juntos. Yo tenía dos preferencias el Camino de Santiago y Escocia, cambiar el dolor de corazón por un buen dolor de pies me parecía una idea genial. Pero lo del Camino era muy precipitado así que decidimos ir a Escocia pero de senderismo. Pero por primera vez en cinco años el viaje de senderismo a Escocia fue cancelado a última hora. A nota curiosa diré que Rafa tiene una amiga medio brujita que echa las cartas y nos dijo que ese viaje no lo íbamos a hacer, desde ese momento quedo como bruja del clan.
En su defecto nos ofrecieron Alemania zona de la Selva Negra en plan senderismo. No es que nos entusiasmara, es mas yo pensé en irme a la playa con mis padres y hacer el vegetal tumbada al sol. Pero ahí mi amigo David con ese don de mando de enano gruñón de dungeon me soltó “No, tu vienes y no se habla más. Que tu lo que quieres es irte a la playa a verle el trasero a tu ex y no”, vale que yo había invitado a mis amigos entre ellos a él a un fin de semana en la playa tras lograr echar a mis padres de allí, ¡pero un finde y ni me lo habían confirmado!, además de que los tíos con esos bermudas que se ponen ¡qué culo ni que niño muerto voy a ver!.
Pues nada después de "convencerme" quedó el rumbo fijado a Alemania, y solo por dar por saco a la predicción decidimos que queríamos además de Alemania pisar suelo escocés y ver Stonehenge así que contratamos hotel y vuelo para una semana repartida entre Edimburgo y Londres.
Así que el día uno aterrizamos en Austria y cruzamos la frontera en bus rumbo a la Selva Negra. Con la tontería he pisado suelo de seis países en 17 días.
Allí estábamos David, Rafa, un amigo de este, Enrique y yo, con el pelo teñido de morado que me dio el punto antes de irme. Perdidos en mitad de la Selva negra con nuestras raciones de embutido y queso patrio para comer durante 10 días. Menos mal que el desayuno era buffet libre y la cena era en el hotel, porque yo terminé de bocadillos hasta el higadillo.
Roleros y frikis los cuatro, pertrechados con nuestro kit antigarrapatas y mosquitos. Nos dispusimos a afrontar el viaje, soltar lastre emocional, echarnos unas risas, gastarnos los cuartos y ¡beber cerveza que eso era Alemania!
Bueno pues toda historia tiene un comienzo y ésta comenzó en una de esas reuniones del selecto club de “La patada en el culo”, que no es otro que mi compañero de trabajo David y nuestro amigo Rafa. Dos amigos para las alegrías y las tristezas, en este caso para lamentarnos de que nos habían dejado, dado la patada en el culo, vamos.
Así que decidimos que nos gustaría irnos de vacaciones juntos. Yo tenía dos preferencias el Camino de Santiago y Escocia, cambiar el dolor de corazón por un buen dolor de pies me parecía una idea genial. Pero lo del Camino era muy precipitado así que decidimos ir a Escocia pero de senderismo. Pero por primera vez en cinco años el viaje de senderismo a Escocia fue cancelado a última hora. A nota curiosa diré que Rafa tiene una amiga medio brujita que echa las cartas y nos dijo que ese viaje no lo íbamos a hacer, desde ese momento quedo como bruja del clan.
En su defecto nos ofrecieron Alemania zona de la Selva Negra en plan senderismo. No es que nos entusiasmara, es mas yo pensé en irme a la playa con mis padres y hacer el vegetal tumbada al sol. Pero ahí mi amigo David con ese don de mando de enano gruñón de dungeon me soltó “No, tu vienes y no se habla más. Que tu lo que quieres es irte a la playa a verle el trasero a tu ex y no”, vale que yo había invitado a mis amigos entre ellos a él a un fin de semana en la playa tras lograr echar a mis padres de allí, ¡pero un finde y ni me lo habían confirmado!, además de que los tíos con esos bermudas que se ponen ¡qué culo ni que niño muerto voy a ver!.
Pues nada después de "convencerme" quedó el rumbo fijado a Alemania, y solo por dar por saco a la predicción decidimos que queríamos además de Alemania pisar suelo escocés y ver Stonehenge así que contratamos hotel y vuelo para una semana repartida entre Edimburgo y Londres.
Así que el día uno aterrizamos en Austria y cruzamos la frontera en bus rumbo a la Selva Negra. Con la tontería he pisado suelo de seis países en 17 días.
Allí estábamos David, Rafa, un amigo de este, Enrique y yo, con el pelo teñido de morado que me dio el punto antes de irme. Perdidos en mitad de la Selva negra con nuestras raciones de embutido y queso patrio para comer durante 10 días. Menos mal que el desayuno era buffet libre y la cena era en el hotel, porque yo terminé de bocadillos hasta el higadillo.
Roleros y frikis los cuatro, pertrechados con nuestro kit antigarrapatas y mosquitos. Nos dispusimos a afrontar el viaje, soltar lastre emocional, echarnos unas risas, gastarnos los cuartos y ¡beber cerveza que eso era Alemania!
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