No sé si alguna vez os ha pasado de estar haciendo cualquier mundanal cosa y tener la mente en otro lado, seguro que si. El otro día me descubrí a mi misma mientras trabajaba con el ordenador sintiendo unas terribles ganas de quitarle la ropa a mi ex... Si, ese que me ha dejado. Y que por su bien estaba bien lejos de mis manos ayayayayayayyyy. Y es que una no es de piedra y echa de menos los achuchones que le daban. Pero claro una cosa es querer y otra poder, más que nada porque siendo tu ex vete a saber si quiere. Que si, que precisamente los tíos para eso siempre tienen fama de fáciles, ¿no dice el chiste que el parecido entre un tío y una pizza es que les llamas y los tienes calentitos en la puerta a los 15 minutos?. Qué injustos son algunos cliches. El caso es que ahí estas tú cogiendo el móvil con ganas de mandar un mensaje en plan acoso sexual del tipo "¿que llevas puesto? yo nada", aunque bien mirado no sé si está más cerca del acoso o de la atracción fatal, quizá las dos cosas. ¿Y si te dice que si?... sales corriendo por la puerta a su encuentro o bien ahí entra el deber, ¿deberías?, pues yo creo que no. Porque si aun hay sentimientos, te vas a hacer mas daño que otra cosa. Y para mortificarte... anda que no hay cosas mejores y menos autodestructivas.
Así que decides que entre la ducha fría, que a mi no me funciona o fundirte la tarjeta de crédito en compras y dejarla tiritando para luego arrepentirte y tener que ir a descambiar las cosas... la mejor solución es darte un atracón de chocolate, que es mucho menos conflictivo y costoso. Y cuando ya estas abriendo el frigorífico los tres puñeteros verbos vuelven a saltar sobre ti como un escuadrón ninja, recordándote que tienes una boda en junio y que deberías cuidar esos michelines, que luego quedan fatal en las fotos. Y tú vacilas delante de la puerta porque tú quieres tu chocolate, pero no deberías tomartelo... Y ahí tu fuerza de voluntad hace acto de presencia, pero seamos serios ¿qué es la fuerza de voluntad cuando hablamos de chocolate?. Entonces finalmente abres cediendo a la tentación para descubrir... que no te queda y que no puedes.
Es increíble como hasta lo mas cotidiano de tu vida se reduce a esas tres acciones. Terriblemente no siempre querer es poder, ni poder es deber. Eso si, si por alguna razón alguno elige el poder en vez del deber... nunca te arrepientas ¡y disfruta!
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