lunes, 26 de enero de 2009

Edimburgo...

Hace tanto que no actualizo que no me acordaba ni de cómo subir una entrada, bueno retomo el relato que ya le quedaba nada
¿Alguna vez habéis estado en algún sitio donde jamás habías estado nunca y en el que parezca que habéis regresado a casa?. Pues Edimburgo me dio esa sensación. Como dice aquí mi amiga, es un sitio con un encanto místico, pagano, gótico y victoriano, de aire melancólico y al mismo tiempo sus calles abarrotadas de gente te devuelven una sensación de bullicio y vida. Y que gusto por los picnic en los cementerios, de día y de noche.
Pues bien el viaje empezó en el aeropuerto, esperando al vuelo eche el ojo a un chico con unos ojazos azul claro y bastante mono. Pues nada mis alegres compañeros tenían un cachondeo con el pobre chaval que según ellos “no le quitaba el ojo de encima y le iba a desgastar”. Y su cachondeo siguió cuando ya embarcamos y había un asiento libre a mi lado y justo en el pasillo se para él y me pregunta que si esta libre. Yo no sé si articulé palabra, pero doy fe de que aun recuerdo las risotadas de mis compañeros de viaje. ¡Menudo viajecito me dieron con las coñas al respecto!.
Habíamos alquilado una casita aledaña a la Royal Mile, de tres plantas y trastero como una casa de esas de las películas de terror y cercana a un cementerio de lo mas gótico y de las viejas prisiones, con encanto vamos.
Por fechas llegamos a ver el festival Tatto, que además habíamos comprado las entradas por adelantado meses antes. Que no es otra cosa que bandas militares de gaiteros tocando, con países invitados, donde tocan piezas con sus corografías y su espectáculo de luces y fuegos artificiales. A mí me encantó, aunque aun me pregunto qué pintaba el león chino con los finlandeses en las coreografías. Por lo demás visitamos lo típico de Edimburgo, entre las muchas visitas guiadas para turistas que ofrecen, Rafa y yo nos fuimos a hacer un tour sobre el Edimburgo mágico y de fantasmas, por la noche y lloviendo, vamos con ambientación. Así que agarraditos del brazo que solo había un paraguas seguimos al guía que estaba como un cencerro mientras nos contaba las pintorescas historias de quema de brujas en la catedral, la historia del perro mas famoso de Edimburgo que era un tragón y un par de historias de fantasmas y vampiros en el cementerio. Metiditos en una cripta, en plena noche con las luces apagadas, mientras relataba que allí se daban fenómenos paranormales, el tipo apago la linterna y nos relató quien era el espíritu que los generaba, un torturador de los mas aplicado… y allí esperando que nos dieran un susto, se veía venir… me pillo mirando al tipo que tenia detrás que ese si que parecía un desenterrado.
Por lo demás, fuimos a una taberna típica a conocer a la camarera que había prendado a estos en su anterior visita a Edimburgo, la famosa Jenny, que resulto ser muy simpática, una sonrisa de esas que dejan sin aliento, pero vamos normalilla. Y la mujer se acordaba de estos, hombre si yo dejara propinas de 10 libras también me acordaría de ellos. Eso si la chica no se llamaba Jenny… ¡Hombres!.
Cosas que nunca olvidaré de Edimburgo, el tipo que me invitó a moras silvestres por la calle, que las falditas escocesas levantan pasiones, que encontré un anillo idéntico a uno que había perdido hace tiempo, que hay españoles en todos lados, que los zumos concentrados de naranja saben a frenadol , que nunca más me subiré a algo más alto que yo y que jamás me intentaré bajar con tres hombres retransmitiendo la jugada como si fuera un partido de futbol, que cuando caigo al suelo desde altura lo hago a lo spiderwoman y que los deseos van de tres en tres y que lo que te pertenece volverá a ti cuando menos te lo esperes…

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