Pues sí, recién llegados de Edimburgo hicimos parada en Londres por tres días y medio, objetivo ver Stonehenge. Veníamos encantados de Edimburgo y fue llegar a Londres… y empezó la debacle.
Si todo el mundo viene de Londres encantado… nosotros no. Es una ciudad enorme, cosmopolita, moderna… y un asco de trasportes, la mitad de las líneas de metro cortadas, la gente va más a su rollo, no es la bienvenida campechana que te da Edimburgo, Londres te da una ostia egocéntrica y sobrevalorada. Lo primero perderme una cosa en facturación, encontrarme nuestras maletas tiradas de mala manera en el suelo del aeropuerto y luego recorrerte medio Londres para llegar al hotel.
De camino en el metro un tío intentándonos robar las maletas, que se le veía venir desde lejos. Estábamos solos y se tiene que acercar a nuestra puerta desde el otro lado del vagón cuando tenía una puerta en su zona y venga mirar las maletas, y yo pensando “si tío coge mi maleta y sal corriendo con los 55 kilos que pesa, que ya te apaleamos nosotros cuando te esmoñes al intentarlo”, desistió al ver que aquello era imposible. Lo segundo ir a comer a un Burguer y de pronto bajar un tío corriendo y meterse en los baños, dos segundos después bajar otro con un transmisor y meterse en el baño sacando una porra, una pareja que estaba sentada a nuestro lado se levanto y se piro corriendo y ahí nosotros dijimos “hagamos lo mismo”, y cuando nos levantábamos apareció un policía corriendo pistola en mano derecho a los baños, en la puerta ¡un pobre niño aterrorizado poniendo las manos en alto! No vimos mas… y encima se me olvido la botella de agua allí.
El resto del día, visitamos varias tiendas de comics y desde luego la de Forbidden planet de dos plantas, inmensa con un Spiderman tamaño natural subido a una cornisa que te recibía a la entrada impresionante, ahí yo perdí cordura y libras.
Y al regresar en el metro un incidente racista entre un negro y una inglesa que se cambio de sitio porque no le agradaba que aquel hombre se sentara a su lado. Y claro, éste rompió en quejas y como me tenía a mí a su lado pues me comí toda la charla “¡¿has visto?, que jodida perra racista, ¿pero tú lo has visto? Yo tengo derecho a sentarme aquí como ella…!” yo miraba a Rafa y le preguntaba “¿Cuántas paradas quedan?”
El segundo día nos tocaba levantarnos e ir al punto donde se iniciaba la excursión a stonehenge, fácil en principio, íbamos sobrados con una hora y media de anticipo cuando va y el metro se para en mitad de un túnel y nos dicen que por problemas técnicos que no saben cuando se reanudará la marcha y que estiman mínimo de 40 minutos… pánico nos entró, ¡No podía ser!, parados allí diciendo ¡no llegamos!. Al fin el metro reanudo, nos miramos y decidimos no seguir la marcha en metro visto lo visto, un taxi era más seguro, salimos al exterior… y ni un taxi pasaba. Desmoralizadas las tropas, cangándonos en que la Armada Invencible se nos hubiera hundido siglos antes, ya pensando que teníamos gafe, que de una hora y media que teníamos de margen nos la habíamos comido casi y que nunca veríamos los menhires… allí cual Escarlata O´Hara juré que yo llegaría a ver stonehenge ese día aunque tuviera que ir en tren, alquilar un coche, ir en autobús o secuestrar un caballo y en ese preciso instante apareció un taxi, faltaban los coros divinos de angelitos… pero es que el infierno no había terminado. ¡Qué mierda de tráfico, qué mal conducen allí, qué calles tan malas! y ¿qué hacen una familia a caballo cruzando Londres y cortando el trafico?. En fin que se nos ocurrió llamar decir que íbamos de camino que si podían esperar… y al final llegamos 10 minutos tarde cuando ya se iban... Y ahí si, sonaron los coros de angelitos.
Con la excursión vimos el pueblo de Bath con sus baños romanos, comimos en un pueblo donde se había filmado parte de alguna entrega de Harry Potter. Y finalmente Stonehenge. No hay palabras para describir aquello, es fascinante, sobrecogedor, místico y una gozada visual. Nos soltaron por las piedras al atardecer en grupos de 15. Las piedras que esperas que estén frías al tacto, están calientes, es una sensación muy agradable tocarlas. Una gozada y mas atardeciendo. Ver como el sol es tragado por aquellas puertas vacías, en el silencio de la naturaleza. Como si el tiempo quedara sostenido de aquellas piedras como mudos espectadores.
El tercer día fue de museos, hay que ver lo que han expoliado estos ingleses a todo el mundo, al menos diré que el Museo Británico era gratis, lo que no se puede decir del resto de cosas, ¡20 libras entrar en la Torre de Londres!, al final decidimos no hacerlo y vimos una justa medieval que habían hecho en el patio del castillo, y dar vueltas recorriendo monumentos típicos.
Y nada más, ya solo quedaba la misión de salir de Londres y regresar a España. Avisados de que las líneas de metro estaban cortadas, decidimos tomar otra ruta más larga y tomar el tren del aeropuerto desde otra estación. Y al llegar nos dicen que esa línea en fin de semana no llega hasta allí. Así que entre meternos al metro con sus líneas cortadas y sorpresas o coger un taxi… decidimos lo segundo. Hay un video impresionante de un grupo de españolitos en plan bruja de Blair diciendo que quieren salir de Londres y que no les dejan y que tienen miedo.
Mil gracias a David que fue mi “porteador Vikingo” y me ayudo con la maoleta siempre.
Y ya llegamos a España, nos faltó besar el suelo como el Papa. Y allí en el aeropuerto estaba esperando monísima de punta en blanco, la “Peque” de Enrique, que había venido a recoger a su amor… después de semejante recibimiento de telenovela entre ambos, recuerdo que nos miramos los tres, David, Rafa y yo y soltamos al unisonó “¡que puta envidia!”. Y allí termino un viaje de momentos compartidos, de risas, de melancolía, de problemas y de amistad reforzada.
martes, 27 de enero de 2009
lunes, 26 de enero de 2009
Edimburgo...
Hace tanto que no actualizo que no me acordaba ni de cómo subir una entrada, bueno retomo el relato que ya le quedaba nada
¿Alguna vez habéis estado en algún sitio donde jamás habías estado nunca y en el que parezca que habéis regresado a casa?. Pues Edimburgo me dio esa sensación. Como dice aquí mi amiga, es un sitio con un encanto místico, pagano, gótico y victoriano, de aire melancólico y al mismo tiempo sus calles abarrotadas de gente te devuelven una sensación de bullicio y vida. Y que gusto por los picnic en los cementerios, de día y de noche.
Pues bien el viaje empezó en el aeropuerto, esperando al vuelo eche el ojo a un chico con unos ojazos azul claro y bastante mono. Pues nada mis alegres compañeros tenían un cachondeo con el pobre chaval que según ellos “no le quitaba el ojo de encima y le iba a desgastar”. Y su cachondeo siguió cuando ya embarcamos y había un asiento libre a mi lado y justo en el pasillo se para él y me pregunta que si esta libre. Yo no sé si articulé palabra, pero doy fe de que aun recuerdo las risotadas de mis compañeros de viaje. ¡Menudo viajecito me dieron con las coñas al respecto!.
Habíamos alquilado una casita aledaña a la Royal Mile, de tres plantas y trastero como una casa de esas de las películas de terror y cercana a un cementerio de lo mas gótico y de las viejas prisiones, con encanto vamos.
Por fechas llegamos a ver el festival Tatto, que además habíamos comprado las entradas por adelantado meses antes. Que no es otra cosa que bandas militares de gaiteros tocando, con países invitados, donde tocan piezas con sus corografías y su espectáculo de luces y fuegos artificiales. A mí me encantó, aunque aun me pregunto qué pintaba el león chino con los finlandeses en las coreografías. Por lo demás visitamos lo típico de Edimburgo, entre las muchas visitas guiadas para turistas que ofrecen, Rafa y yo nos fuimos a hacer un tour sobre el Edimburgo mágico y de fantasmas, por la noche y lloviendo, vamos con ambientación. Así que agarraditos del brazo que solo había un paraguas seguimos al guía que estaba como un cencerro mientras nos contaba las pintorescas historias de quema de brujas en la catedral, la historia del perro mas famoso de Edimburgo que era un tragón y un par de historias de fantasmas y vampiros en el cementerio. Metiditos en una cripta, en plena noche con las luces apagadas, mientras relataba que allí se daban fenómenos paranormales, el tipo apago la linterna y nos relató quien era el espíritu que los generaba, un torturador de los mas aplicado… y allí esperando que nos dieran un susto, se veía venir… me pillo mirando al tipo que tenia detrás que ese si que parecía un desenterrado.
Por lo demás, fuimos a una taberna típica a conocer a la camarera que había prendado a estos en su anterior visita a Edimburgo, la famosa Jenny, que resulto ser muy simpática, una sonrisa de esas que dejan sin aliento, pero vamos normalilla. Y la mujer se acordaba de estos, hombre si yo dejara propinas de 10 libras también me acordaría de ellos. Eso si la chica no se llamaba Jenny… ¡Hombres!.
Cosas que nunca olvidaré de Edimburgo, el tipo que me invitó a moras silvestres por la calle, que las falditas escocesas levantan pasiones, que encontré un anillo idéntico a uno que había perdido hace tiempo, que hay españoles en todos lados, que los zumos concentrados de naranja saben a frenadol , que nunca más me subiré a algo más alto que yo y que jamás me intentaré bajar con tres hombres retransmitiendo la jugada como si fuera un partido de futbol, que cuando caigo al suelo desde altura lo hago a lo spiderwoman y que los deseos van de tres en tres y que lo que te pertenece volverá a ti cuando menos te lo esperes…
¿Alguna vez habéis estado en algún sitio donde jamás habías estado nunca y en el que parezca que habéis regresado a casa?. Pues Edimburgo me dio esa sensación. Como dice aquí mi amiga, es un sitio con un encanto místico, pagano, gótico y victoriano, de aire melancólico y al mismo tiempo sus calles abarrotadas de gente te devuelven una sensación de bullicio y vida. Y que gusto por los picnic en los cementerios, de día y de noche.
Pues bien el viaje empezó en el aeropuerto, esperando al vuelo eche el ojo a un chico con unos ojazos azul claro y bastante mono. Pues nada mis alegres compañeros tenían un cachondeo con el pobre chaval que según ellos “no le quitaba el ojo de encima y le iba a desgastar”. Y su cachondeo siguió cuando ya embarcamos y había un asiento libre a mi lado y justo en el pasillo se para él y me pregunta que si esta libre. Yo no sé si articulé palabra, pero doy fe de que aun recuerdo las risotadas de mis compañeros de viaje. ¡Menudo viajecito me dieron con las coñas al respecto!.
Habíamos alquilado una casita aledaña a la Royal Mile, de tres plantas y trastero como una casa de esas de las películas de terror y cercana a un cementerio de lo mas gótico y de las viejas prisiones, con encanto vamos.
Por fechas llegamos a ver el festival Tatto, que además habíamos comprado las entradas por adelantado meses antes. Que no es otra cosa que bandas militares de gaiteros tocando, con países invitados, donde tocan piezas con sus corografías y su espectáculo de luces y fuegos artificiales. A mí me encantó, aunque aun me pregunto qué pintaba el león chino con los finlandeses en las coreografías. Por lo demás visitamos lo típico de Edimburgo, entre las muchas visitas guiadas para turistas que ofrecen, Rafa y yo nos fuimos a hacer un tour sobre el Edimburgo mágico y de fantasmas, por la noche y lloviendo, vamos con ambientación. Así que agarraditos del brazo que solo había un paraguas seguimos al guía que estaba como un cencerro mientras nos contaba las pintorescas historias de quema de brujas en la catedral, la historia del perro mas famoso de Edimburgo que era un tragón y un par de historias de fantasmas y vampiros en el cementerio. Metiditos en una cripta, en plena noche con las luces apagadas, mientras relataba que allí se daban fenómenos paranormales, el tipo apago la linterna y nos relató quien era el espíritu que los generaba, un torturador de los mas aplicado… y allí esperando que nos dieran un susto, se veía venir… me pillo mirando al tipo que tenia detrás que ese si que parecía un desenterrado.
Por lo demás, fuimos a una taberna típica a conocer a la camarera que había prendado a estos en su anterior visita a Edimburgo, la famosa Jenny, que resulto ser muy simpática, una sonrisa de esas que dejan sin aliento, pero vamos normalilla. Y la mujer se acordaba de estos, hombre si yo dejara propinas de 10 libras también me acordaría de ellos. Eso si la chica no se llamaba Jenny… ¡Hombres!.
Cosas que nunca olvidaré de Edimburgo, el tipo que me invitó a moras silvestres por la calle, que las falditas escocesas levantan pasiones, que encontré un anillo idéntico a uno que había perdido hace tiempo, que hay españoles en todos lados, que los zumos concentrados de naranja saben a frenadol , que nunca más me subiré a algo más alto que yo y que jamás me intentaré bajar con tres hombres retransmitiendo la jugada como si fuera un partido de futbol, que cuando caigo al suelo desde altura lo hago a lo spiderwoman y que los deseos van de tres en tres y que lo que te pertenece volverá a ti cuando menos te lo esperes…
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