martes, 8 de julio de 2008

Dar cera, pulir cera

Dicen que el deporte es sano, yo después de ver que no puedo ni bajar unas escaleras con dignidad empiezo a dudarlo. Me fui este fin de semana a un curso de Iaido en San Sebastián, nos alojamos en una casa rural a las afueras, precioso aquello, que emoción buscando la casa de noche perdidos por el monte con el todoterreno carretera para arriba carretera para abajo acordándonos de la madre que pario al GPS. Bueno al final la encontramos y salvo por el mosquito que consideró que yo era un buffet libre de comida madrileña, la estancia fue perfecta.
El curso en si una maravilla, éramos poquitos y eso se nota en que la enseñanza es más personalizada. Eso si, cuando te tiras casi año y medio sin hacer nada y te reincorporas a estos cursos es que te pasan factura a nivel físico. Es lo que tiene entrenar con el hombre que dirige la selección francesa. Y eso que no fue un curso de los más duros que yo recuerdo y fue corto en comparación con otros. Pero bueno el caso es que el primer día antes de que llegas a las 8 horas que dura el curso el sábado ya sientes las agujetas a la hora de la comida, gracias que no has podido llegar al entrenamiento del viernes por la tarde que sino ya las tendrías del día anterior, y dices “ay madre, ya verás por la noche” y efectivamente darte una inocente vuelta en la cama se convierte en una tortura. Pero ahí estas tú levantándote al día siguiente porque quieres más, así que vas al curso rezando porque no se le ocurra hacer el calentamiento con los ejercicios de saltos que son los que te han dejado las piernas para el arrastre. Pero te da igual, porque hagas lo que hagas, en cuanto te meten caña física acabas hecha unos zorros, que es lo que pasa cuando no entrenas en plan 5 días a la semana y tienes una vida sedentaria. Así que termina tu curso y te acuerdas de todos los que te han dicho alguna vez que el iaido es poner posturitas, que ahora les cogías y les regalabas la inscripción a un curso de estos, malditos kendokas brabucones. Te preguntas si eres masoquista por pagar para que te duela todo el cuerpo y además lo haces consciente del resultado de antemano. Y bueno pasado el curso, la paliza del viaje de vuelta y el cachondeo del personal con tu poco digno estado, y es que cruzar las piernas, subir o bajar escaleras, andar, darte una vuelta en la cama o sentarte se convierte en toda una epopeya épica de dolor para ti y en todo un filón de risas y cachondeos para el resto, sabes que volverás a hacerlo siempre que puedas, de hecho en verano te puedes tirar enganchado curso detrás de curso. Y es que si te gusta lo que haces te da igual lo que sufras, hacerte el viaje a la otra punta del mapa, meterte la paliza, ver a tus compañeros, echarte unas risas en la sayonara party, alegrarte la vista con el ojazos azules y sonrisa preciosa de oviedo y sobretodo aprender y pulir merecen la pena por un puñado de agujetas.

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